2011

El 1° de enero siempre ha sido para mi un día de sentimientos encontrados.  Aparte de que transcurre más lento de lo normal y  no se hace prácticamente nada (por lo menos en mi caso), significa el fin de la diversión (léase “fiestas decembrinas”) y el regreso a los quehaceres cotidianos y las responsabilidades.

Realmente disfruté muchísimo estas navidades. En primer lugar, porque no estuve trabajando en oficina, como en años anteriores, así que pude tener mi propia versión del horario decembrino: cociné mis platos navideños, decoré la casa, fuí de shopping, disfruté con la familia y descansé, todo eso cuando quise y a mi manera. Por otro lado, muy, muy, muy en el fondo pensé que es probable que la navidad de 2011 la pasemos en algún lugar de Canadá, así que subconscientemente le saqué el jugo a cada día de este diciembre, en el que todavía estamos en Venezuela y cerca de nuestros seres queridos.

Ahora bien, ya en Enero toca volver a la realidad y preparar los ánimos y las energías para lograr nuestra gran meta de 2011: emigrar al país de la hoja de maple.

En este momento, estamos en una gran incertidumbre, ya que nuestras órdenes médicas (pronosticadas con mucho optimismo para el pasado mes de Octubre) aún no han llegado. Varios de nuestros planes pensados para iniciar este año siguen en la espera…

La esperanza de irnos este año está más latente que nunca. Pronto nos tocará comenzar a tomar desiciones en función de ese plan, como vender uno de los carros y comenzar el curso de inglés (Yo) y una certificación (Fer).

2011 es nuestro año. De eso no nos cabe duda.

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