Porqué emigramos

Fer y yo crecimos amando a nuestro país. Está lleno de gente noble, de paisajes únicos e invaluables, de talento. El venezolano es familiero y solidario. Y así somos nosotros.

Pero hace unos tres años, justo antes de uno de los tantos procesos electorales en los que se medían por enésima vez los chavistas contra el resto, mi padre nos dijo muy serio: “Si éstas elecciones las vuelve a ganar Chávez, aquí no hay nada que hacer. Lo mejor es que se vayan”.

Y Chávez ganó.

Eso me puso a pensar, que las cosas tienen que estar realmente muy malas y pintar un futuro aún más sombrío, cuando mi papá, dentro de toda la sabiduría y madurez que le pueden dar los años, le dice a sus hijos que se vayan lejos. Eso prácticamente nos dió el último empujoncito a la idea que ya veníamos gestando: emigrar a Canadá.

Lamentablemente, Venezuela se ha ido degradando rápidamente frente a nuestros ojos. “Involucionando”, como quién dice. A veces nos preguntamos ¿qué nos pasó, si teníamos todo para surgir como un país de primer mundo? El asunto tiene tantas ramas, es tan profundo y complicado, que yo no me atrevo a adentrarme en tales análisis en este post.

Pero si les diré que nos da mucha tristeza haber tenido que tomar la decisión de irnos, porque quedarse es como nadar en contra de un tsunami (sí, asi es como se siente).

Nos vamos porque ya no queremos vivir con miedo. Porque no quiero tener que explicarle a mi hija de 6 años lo que es un secuestro express o una violación, y por lo tanto, inculcarle a ella también la cultura del terror. El miedo a ser asaltados o asesinados es algo con lo que nos hemos acostumbrado a vivir. Estamos tan acostumbrados, que la muerte es para nosotros algo cotidiano en las noticias. Tan cotidiano que ya nos nos sorprende.

Pero cuando lo malo ya no le pasa al primo del amigo de un conocido, sino a un familiar muy cercano, como un hermano o tus propios padres, uno tiene que decir “hasta aquí!”.

Nos vamos porque ya sentimos que no pertenecemos a este país. Porque tenemos mística de trabajo, porque somos profesionales de ética, porque somos y queremos seguir siendo buenos ciudadanos. Pero aquí, eso no es lo común, y a veces hasta se paga caro. Querer cumplir las leyes y exigir nuestros derechos es cada vez más cuesta arriba.

Ver casi a diario como cualquiera se pasa una luz roja como si fuera lo más natural del mundo. Tener que soportar maltratos, cuando vas a solicitar cualquier servicio por el cual además estás pagando, sencillamente porque en este país no hay “cultura de atención al cliente”. Vivir una injusticia tras otra en el sitio de trabajo, simplemente porque comulgas o no con la ideología política de la empresa. Tener que dar gracias porque el ladrón sólo se llevo tu carro, tu cartera y tu celular, pero al menos te dejó vivo.

Y lo peor, y que nos afecta a TODOS: el deterioro con gran rapidez y sin mejoría visible en el corto plazo, de los servicios básicos: COMIDA, AGUA y LUZ.

El venezolano está acostumbrado a no tener agua en su casa. Imagínense, llegar del trabajo después de un día agotador, con los niños cansados y pidiendo la cena, y que no salga ni una gota de agua para bañarse, lavar la ropa o cocinar. Eso aquí no es la excepción. No se va el agua porque pasó un huracán, o hubo una tormenta de nieve, no. Aquí eso es lo NORMAL, y ocurre todos los días en muchos hogares venezolanos.

Ir al supermercado y comprar todo lo necesario es como sacarse la lotería, un evento extraordinario. Lo cotidiano es que NO se consiga leche, aceite, harina, arroz, azúcar, pañales, jabón…o ninguna de las anteriores. Es lo NORMAL.

Y la última crisis, que ya se está convirtiendo en algo más a lo que debemos acostumbrarnos: los apagones. Desde hace más o menos dos años, Venezuela viene arrastrando una crisis eléctrica que está cada vez peor. Apenas hoy se está reestableciendo el servicio eléctrico en la ciudad donde vivo, después de un apagón de más de 24 horas. Imagínense una ciudad con todo apagado por mas de un día: semáforos, hospitales, centros comerciales, estaciones policiales…Y con una temperatura que ronda los 40°C. Uno en su casa hace un abanico de papel y se sopla, y aguanta, pero ¿y el enfermo renal que se está haciendo diálisis justo cuando se va la luz?

No hay más que decir.

…Y todavía hay gente que se pregunta porqué nos vamos.

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Un comentario en “Porqué emigramos

  1. Ay Karlilla, pense mucho en Uds en estos dias del apagon y no los quise ni llamar porque se lo frustrados y cansados que deben estar, solo les digo !Animo! ya pronto nos iremos y todo esto sera solamente un ingrato recuerdo.

    Un cariñoso saludo !

    Lis

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