Doce lecciones

doce lecciones

 

Se termina el 2015, y aún siento el vértigo de todo lo que vivimos en este año que, sin temor a equivocarme, fue uno de los más importantes en nuestra vida en Canadá. Aunque quisiera contarles los detalles de todo lo que nos pasó, algunos eventos fueron demasiado personales y prefiero mantenerlos así… Sin embargo, lo que sí puedo hacer es compartirles la lección que cada uno me dejó, por cada mes del año:

Enero:
Aprendimos que el invierno en Canadá siempre se puede poner peor, que no sabemos cuál es nuestro verdadero aguante al frío hasta que nos toca seguir viviendo como si nada en pleno “vórtex polar”…

Febrero:
Si se puede hacer turismo a menos veintipico. De hecho, Montreal y seguramente cualquier ciudad canadiense, tienen un encanto especial en el invierno. La experiencia de pasear, conocer y explorar se hace más intensa, pero también más hermosa… y el frío extremo se convierte en parte de la aventura.

Marzo:
Si se puede. Cuando decides que es el momento, que ahora si estás listo(a) para demostrar lo que vales, el universo se pone de tu parte y tus talentos comienzan a hablar por ti. Luego será cuestión de tiempo, no mucho, para que aquello sea reconocido y valorado. Y es que en Canadá, y en cualquier parte, con paciencia, todo llega.

Abril:
Pide y se te dará. Pero ojo, la clave es pedir algo cuando NO lo necesites ¿cómo así?. En lugar de pedir desde la necesidad, mejor pide desde el merecimiento. Lo primero es convencerse de que uno se merece lo que está pidiendo: “Yo me merezco un carro nuevo”. Y cuando lo pidas, hazlo con lujo de detalles: “quiero un carro nuevo bien grandote” te puede traer un camionetón que necesite $80 de gasolina para rodar y que no cabe en ninguna parte. En cambio es más acertado pedir “un carro que se adapte perfectamente a mi estilo de vida, que pueda mantener sin quebrar mi bolsillo y que además sea bonito.” Aclaro: lo del carro es solo un ejemplo. No fue un carro lo que pedí y se me cumplió, fue otra cosa.

Mayo:
Inmigrar a Canadá, adaptarse a su sociedad, cumplir orgullosamente con sus leyes, sentirse aceptado y respetado, darse cuenta que ya somos considerados parte de este país, son señales de que estamos listos para dar al siguiente paso, confiados de que esta sociedad siempre retribuye, sobre todo el buen comportamiento.

Junio:
Las oportunidades siempre están, sólo hay que salir a buscarlas. Antes de aceptar un “no se puede”, investiga, pregúntale a las personas correctas. Sobre todo, prepárate para cambiar de perspectiva y romper tus paradigmas. Aquí siempre se pueden conseguir soluciones apegadas a las normas, “darle la vuelta al sistema” y lograr lo que creíamos imposible.

Julio:
Nunca dejará de sorprendernos que en estos países de primer mundo, de todas las cosas existe un universo de tamaños, categorías, colores, estilos… Esto aplica para todo, desde la comida, hasta un bombillo o una alfombra. A veces se les va un poquito la mano con aquello de la “diversidad”. ¡Es para volverse locos!

Agosto:
El sentido de pertenencia lo creamos nosotros. Las paredes pueden estar pintadas de otro color, el patio puede ser más grande o más pequeño. El código postal pudo haber cambiado. Pero el hogar se construye sobre nuestras vivencias, emociones y valores. No importa el espacio, la familia siempre cabe completica en el corazón.

Septiembre:
Aun cuando creas que un anhelo de tu niñez o juventud ya está devaluado, nunca es tarde para que se cumpla. No hay que dejar pasar la oportunidad de intentar aquello que siempre quisimos hacer, sobre todo cuando nos sentimos más que preparados y solo nos falta ese empujoncito de quienes creen más en nosotros que nosotros mismos.

Octubre:
En Canadá debemos invertir en salud. Créanme, no van a querer llegar a ese punto en el que necesiten recurrir al sistema de salud canadiense para tratar una enfermedad. Lo mejor es prevenir y comenzar desde ya a cuidarse estando sanos. Lo que aprendí: vivir despacio es la clave. El estrés del trabajo y la vida apurada nos dejan poco tiempo para lo importante: nosotros y nuestras familias.

Noviembre:
El tiempo es el mismo para todos. Un día de 24 horas nos espera a todos por igual. Es nuestra decisión como lo utilizamos, como atendemos nuestras prioridades. A veces es bueno detenerse por un minuto y escuchar a nuestro cuerpo, nuestro instinto, nuestra esencia. Evaluar si estamos invirtiendo nuestro tiempo en lo que de verdad vale la pena.

Diciembre:
Jamás pensé que lo diría, pero la gran lección que me dejó el último mes del año fue el NO PLANIFICAR. A veces, lo mejor que podemos hacer es “soltar” los deseos, entregárselos a Dios y confiar. No todo se puede planear en la vida. Quizás, algunas cosas si, como el proceso de emigrar a otro país, los estudios universitarios o la compra de una casa. Sin embargo, existen eventos que nos empeñamos en controlar, en querer que sucedan en un momento determinado y hasta les ponemos fecha en el calendario… y a Dios no le queda más que sonreír…

12 meses, 12 lecciones…

No puedo esperar a seguir aprendiendo en 2016.

¡Feliz Año nuevo para todos!

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