La salud en el invierno

salud en invierno

 

Quien se muda a Canadá sabe que tarde o temprano le va a tocar lidiar con el clima, con ese famoso invierno canadiense al que muchos le temen y que con seguridad llega cada año, a veces más suave a veces más intenso, pero siempre frío.  Sobre todo para nuestro cuerpo por tanto tiempo acostumbrado a las temperaturas tropicales…

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Eso que nos une… en Navidad

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Cuando emigramos y ponemos toda esa distancia física entre nosotros y nuestras familias, llega el momento en el que sentimos la necesidad de reconectarnos.

A veces nos vamos perdiendo en la inercia del ser aceptados, de encajar. Siempre he dicho que después de llegar a nuestro destino migratorio, tenemos que comenzar casi de inmediato a construir nuestra estabilidad, un nuevo círculo de confianza, alimentar nuevas amistades, destacarnos en el trabajo y rendir en todos los aspectos de nuestras vidas.

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Descubriendo Quebec

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…o haciendo turismo a -20°C, podría ser un mejor título para contarles lo que hicimos durante el fin de semana largo de Family Day.

Mi prima nos visitó desde Panamá con un requerimiento muy especial: “quiero vivir al máximo el invierno canadiense”. Y qué mejor manera de hacerlo sino es viajando a La Belle Province en pleno mes de febrero, con todo y su frío extremo. Emocionados por el que sería nuestro primer viaje largo desde que emigramos, comenzamos el 2015 haciendo un road trip de varias horas hacia Quebec City, con escala en Montreal.

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We are Winter, Somos Invierno

wewarewinterEse es el lema del comité olímpico canadiense para los Juegos Olímpicos de Invierno “Sochi 2014”, que comenzaron en Rusia el pasado viernes 7 de Febrero y tienen a toda Canadá (incluyéndome) pegada de la tele y las redes sociales.

Cuando ya todos estábamos bastante hartos de este clima y con el winter blues a millón, llegaron estos juegos de invierno para hacer que lo disfrutemos otra vez y hasta nos sintamos “en ambiente olímpico”. Y es que en pleno mes de febrero cualquier excusa es buena para entretenerse en medio del frío extremo, vórtex polar, tormentas de hielo y sus derivados.

Aunque no soy precisamente amante de los deportes y mi conocimiento de cualquier disciplina es casi nulo, siempre me quedo enganchada con las olimpíadas y los mundiales de fútbol. Pero algo si les puedo decir: que rico se siente vivir en un país que va a estas competencias y se gana un montón de medallas, y no podía ser de otra manera tratándose de lo que ya sabemos es la especialidad canadiense: el invierno.

Lo que sí no me esperaba fué enterarme en la ceremonia inaugural de la participación de países muy tropicales, como México, Brasil y ¡hasta Venezuela! El atleta venezolano Antonio Pardo se destacó al desfilar brincando y bailando, ondeando orgulloso la bandera tricolor, lo que me hizo pensar que quizás esté lejos de ganarse una medalla en su categoría (slalom), pero ese día se ganó al público con su entusiasmo.

Seis días después, Canadá va liderizando junto a Noruega y Alemania el cuadro de medallas, en disciplinas como patinaje artístico, patinaje de velocidad, snowboard y ski estilo libre. Ha sido emocionante acompañar vía TV a los atletas canadienses cuando suben al podio y entonan orgullosos el “O Canada”. Lloré junto a las hermanas Dufour-Laponte, cuando recibieron sus medallas de oro y plata respectivamente, después de ganar en “moguls”, que es algo así como lanzarse en ski por una pendiente llena de montículos, hacer dos saltos acrobáticos alternados y aterrizar con estilo… ¡no digo yo son ganadoras! Seguramente muchos de estos atletas son muchachos nacidos y criados en este país, que crecieron rodeados de la cultura de frío y que aman la nieve y el hielo tanto como para pasar gran parte de sus vidas entrenando, preparándose y destacar en unas olimpíadas de invierno. Un gran ejemplo para todos nosotros, que lo mejor que podemos hacer en este país es aceptar su clima y sacarle siempre el mayor provecho.

Por ejemplo, gracias a estas olimpíadas y como parte de mi proceso de adaptación, por primera vez me vi un partido completico de hockey: el equipo femenino canadiense contra el equipo de Finlandia. Aunque no entendí nada, comparto la idea de que si quieres sentir que eres parte de esta sociedad, tienes que ver el hockey. Lo poco que aprendí es que se tardan bastante en meter un “gol”, más o menos como en nuestro fútbol (que aquí le dicen soccer) y que, por lo menos en el juego que yo vi, no hubo tantos golpes ni sangre ni nada…

Los canadienses están enamorados de su país, de su cultura, de su gente, y lo demuestran aún más en este tipo de eventos donde se les desborda el orgullo y solidaridad para con sus atletas. Los que llegamos hace poco admiramos aquello y añoramos amar así a nuestro país de origen y al que ahora nos adopta. Como esos muchachos que crecieron aquí, hicieron del invierno su aliado para sacar lo mejor de sí mismos, y se hicieron ganadores con una convicción: “Somos invierno, todos somos Canadá!

El frío nuestro de cada día

extreme coldMucho se ha mencionado últimamente el término “vórtex polar”. También conocido en Canadá como “el mes de Enero”.

En este, nuestro segundo invierno, pudimos comprobar los rumores que escuchamos en nuestros países tropicales. Es verdad, para qué negarlo: Canadá es un país donde hace MUCHO, poquito o algo de frío durante la mayor parte del año. El frío nunca falta, moderado o superlativo. En este país las bajas temperaturas se aceptan, se abrazan y se hacen parte de nuestras vidas. Es eso, o vivir amargados.

El frío se vuelve cotidiano y todos, desde el Alto Gobierno hasta las amas de casa, saben como lidiar con él. A uno como inmigrante también le toca aprender, más pronto que tarde. De hecho, junto al idioma, es para muchos uno de los mayores retos del proceso de adaptación.

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Imagen: Disney Pictures

Ya les había contado que este invierno sería intenso, una montaña rusa que baja y sube en el termómetro. Pues tal cual, llegó con todo y en esteroides. Nevadas descomunales, lluvias que transforman todo en hielo, ventiscas de nieve que congelan hasta los pensamientos. Si vieron Frozen, imaginen que por aquí pasó la princesa Elsa desatada y con los nervios de punta. Bueno, así.

Hasta a los canadienses los ha tomado por sorpresa. Algunos cuentan que así eran los inviernos “de antes”. De hecho, lo cuentan con emoción y nostalgia, recordando su niñez. Así como un venezolano recuerda jugar de niño en la playa, o debajo de una mata de mango, el típico canadiense añora sus inviernos de árboles congelados y eternos muñecos de nieve.

Hay tanta nieve y hielo, que es la primera vez en Canadá que me entero de que algo está escaso: la sal. La que se usa para derretir la nieve de las aceras. Nos dijeron que la Alcaldía la había comprado toda para poder cubrir las vías de la ciudad, ante la descarga de nieve que ocurrió apenas empezando la temporada y que nadie se esperaba antes de Enero. Después supimos que la sal deja de ser efectiva a partir de los -15°C, así que no queda de otra sino sacar la pala de metal (la que se usa para sembrar las maticas en verano) y empezar a picar hielo. Más adelante nos enteramos de que a falta de sal, por escasez o por inefectiva, están usando también el jugo de “sugar beet“, o remolacha azucarera. Una especie de remolacha blanca, mas bien parecido a un apio, con gran contenido de azúcar…. La verdad no me imagino mi acera toda empegostada en dulce.

En estos días recordé que a pocos meses de haber llegado en Canadá y antes de empezar las clases,  envié una carta al colegio de mi hija solicitando un asiento de cortesía para ella en el autobús escolar. Por supuesto, utilicé el argumento de quienes venimos del trópico caribeño : “es nuestro primer invierno…no estamos acostumbrados a estas temperaturas…la niña tendría que caminar a la escuela con frío y nieve…”. A mi hija le dieron el asiento, no sin antes escuchar un pequeño sermón de la Directora recordándonos que en este país se espera que los niños inmigrantes puedan lidiar con el frío al igual que los niños canadienses. Supongo que será por aquello del principio de igualdad (no olvidemos que Canadá es socialista).

Hace poco a mi esposo (Consultor de IT) le tocó visitar a un cliente en Scarborough, a 40 minutos de su oficina en Mississauga. El trabajo era muy simple: llegar al sitio, actualizar un equipo, verificar que todo funcionara y regresar. Algo trivial y sencillo, sino hubiera sido el día en el cual el vórtex polar estaba en su apogeo y las temperaturas bajaron a -39°C en el GTA. Mi esposo tuvo que manejar con poca visibilidad debido a la ventisca, por una autopista congelada, cuidando de no patinar con el carro y terminar en la zanja como muchos otros. Sin poder bajar demasiado la velocidad (porque iba en una vía rápida), con todos los músculos de su cuerpo bastante tensos y agarrando bien duro ese volante. Los 40 minutos de viaje se transformaron en hora y media. Llegó al cliente super estresado y congelado. Apenas su día comenzaba… Un par de horas después, al terminar, salió a enfrentarse de nuevo con los elementos de la naturaleza.  Me dijo: “Esta es la verdadera experiencia canadiense: manejar con este frío, llegar, hacer el trabajo como todo un profesional y luego devolverse.”

Ese mismo día, mi hija se quedó en casa, porque ¡ni loca la mando al colegio a -39°C! A pesar de que el transporte escolar estaba suspendido por el windchill warning de Environment Canada, los colegios no cerraron. Muchos protestaron la medida, sobre todo los adolescentes que querían quedarse durmiendo gracias al “snow day” que el Board Escolar nunca declaró. Y probablemente sus padres canadienses los obligaron a ir a clases. Después de todo, se supone que ya deben estar acostumbrados. Luego me enteré de que los autobuses no fueron suspendidos por el bien de los niños, no. Fué porque el frío extremo podría afectar el funcionamiento de las baterías, su combustible se congela, o algo por el estilo. Si no van a encender algunos, mejor los paramos a todos.  De nuevo, el principio de igualdad.

Lo cierto es que haga -1° C ó -40° C, frío suave o intenso, la vida continúa en Canadá.

A veces sonrío cuando me escucho a mí misma quejarme de las capas de ropa, de los dedos congelados por usar el celular, de tener que hablar a través de la bufanda… Ya es mi segundo invierno en este país y quizás pueden pensar que aún no acepto este clima, pero no, en realidad me quejo porque eso también forma parte de la cultura canadiense. Quejarse del clima es el equivalente en Venezuela a quejarse del gobierno. A estas alturas, prefiero un frostbite a un atraco.  Como diría la princesita de Frozen: “The cold never bothered me anyway.