Doce lecciones

doce lecciones

 

Se termina el 2015, y aún siento el vértigo de todo lo que vivimos en este año que, sin temor a equivocarme, fue uno de los más importantes en nuestra vida en Canadá. Aunque quisiera contarles los detalles de todo lo que nos pasó, algunos eventos fueron demasiado personales y prefiero mantenerlos así… Sin embargo, lo que sí puedo hacer es compartirles la lección que cada uno me dejó, por cada mes del año:

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Liebster Awards: ¡Todos somos ganadores!

Liebster Awards 2015

 

Siento que estaba a años luz de mi blog desde hace rato, buscando la manera de regresar. Para muestra una lista que tengo por ahí de varios artículos a medio terminar, esperando ser publicados en alguno de mis ahora muy escasos ratos libres.  Por supuesto, le sigo echando la culpa a mi nuevo trabajo en oficina de 9-a-5, que me encanta pero me deja con poca energía, tiempo e inspiración para escribir.

Y ocurrió de repente…

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2 años

hojademapleentredosHoy se cumple el segundo aniversario de nuestra llegada a Canadá.

Un gran amigo (inmigrante también) nos dejó en el buzón un email de felicitación muy emotivo, junto a unas palabras de reflexión:

¿Qué pasa por la mente de un inmigrante?  

“En este proceso están presentes emociones que se reciclan una y otra vez. La confianza en los otros, cuando te encuentras gente abierta al cambio y con la sensatez de verte como una oportunidad y no como un enemigo; el miedo y la inseguridad que te da el sentirte excluido del grupo mayoritario, ya sea por el idioma, por el estilo de vida o por la cultura; la sensación de poder, ante el hecho de que ser extranjero es una decisión de vida y de que siempre tienes la posibilidad de regresar a tu país; la rabia frente a los asomos de discriminación en ámbitos laborales, burocráticos, personales. Y obviamente la sensación de  incertidumbre, presente en cada uno de los momentos de mi aventura.”

Un inmigrante anónimo, Octubre de 2010

Hoy celebramos el aprendizaje de estos 2 años y la certeza de que lo bueno seguirá llegando. Como dijo mi amigo en su email “la historia la escribimos en cada paso“…

 

Números emocionantes

Así le llamó WordPress.com a las estadísticas de este, mi querido blog, para el año 2013.

Un dato que me deja gratamente impresionada es que mi blog fué visitado por personas de 5 continentes, en más de 77 países. Los principales fueron Venezuela, Canadá y Colombia. También pasaron por aquí lectores desde Rusia, Noruega, India y Australia. Sólo puedo decir ¡Wow!

Pueden hacer click aquí para ver el reporte completo.

Canadá ahora es mi hogar y como yo, son cada vez más los que quieren venir al Gran Norte Blanco. Quizás sea por eso que las dos entradas más leídas y comentadas en Del Calor al Frío fueron las que escribí sobre Cómo solicitar la visa de turista a Canadá (Parte IParte II). Además de proveerles información detallada sobre el proceso para aplicar usando el sistema online, el contenido se enriqueció enormemente gracias al aporte de decenas de lectores que dejaron sus dudas y comentarios.

No puedo más que estar contenta con el resultado. El tiempo y la energía dedicados a este espacio van más allá de los números. Es el cariño, la paciencia y la lealtad de ustedes, visitantes, lectores, amigos y familia, quienes me siguen y comparten mis vivencias como inmigrante a través de lo que escribo. 

Gracias, gracias, gracias. Les doy todo mi agradecimiento.

Espero que mi blog los siga emocionando en 2014. ¡Aquí los espero!

Un año en Canadá

canadianflagEsta mañana me desperté agradeciéndole a Dios. Le repetí “Gracias” muchas veces, como si eso fuera a otorgarle mayor significado a una palabra que se queda corta. Ni modo, tuve que prescindir del lenguaje y agradecerle desde el corazón. Eso ocurre cuando lo que has recibido es tan grande, tan bello, que nunca jamás pensaste que podías llegar a merecerlo.

Lo que pasa es que antes de Canadá, la felicidad para nosotros tenía mas bien una definición conformista. Una familia unida, salud, un techo, lo suficiente para vivir, buenos amigos… Pero nosotros, en el fondo estábamos apagados, cansados todo el tiempo, no de vivir sino de sobrevivir.  En nuestro país la felicidad la vivíamos a raticos, asociada con reuniones familiares, una comida típica y uno que otro viaje a disfrutar los paisajes venezolanos. Pero en Canadá descubrimos otro nivel de felicidad: el sentirnos en libertad. De ser, de expresarnos, de vivir tranquilos.

Aquí llegamos con algunas expectativas, un plan y mucho optimismo. Nos trajimos un lienzo en blanco para empezar a construir todo de cero a partir de nuestros talentos y valores. Y muy pronto empezamos a apreciar la gran oportunidad de establecernos en un país donde las cosas funcionan, donde no nos tenemos que preocupar tanto por nuestra seguridad personal, sino por tomar buenas decisiones, aquellas que llenen nuestras vidas de mayor bienestar.

Porque a decidir también se aprende. Recuerdo que con tantas opciones posibles, al principio entré un poco en pánico, como cuando fuí por primera vez a un supermercado canadiense. Aquí no hay restricciones, escasez o coacción, la decisiones son completamente nuestras. Así decidimos que este primer año me quedaría en casa dedicándome a lo que en este momento me llena más: escribir, cocinar, cuidar de mi familia, apoyar a mi hija en su vida escolar, ayudar a Fer con las diligencias mientras él trabaja de 9 a 5 (o más). Él ha tenido su propia historia de éxito. Se preparó para ingresar en el mercado laboral canadiense, encontró un trabajo en su área a los pocos meses de llegar, le tocó desempolvar algunas destrezas técnicas y empezar a construirse una reputación profesional. Trabajó muy pero muy duro, se ganó la estima de sus jefes y compañeros de trabajo, hizo mucho networking, y luego de 6 meses de experiencia canadiense, saltó a un empleo de mayor nivel y mejor remunerado. Por otro lado, estuvo la adaptación de nuestra hija. Su dominio del idioma, sus logros escolares… tengo tanto que decir acerca de ella, que mi orgullo de madre me obliga  a dedicarle un post completo más adelante. Solamente les diré que si nuestro éxito como emigrantes se midiera por la felicidad de nuestros hijos, nosotros modestamente nos sentimos triunfadores. No hay un solo día en que esa niña no sonría de felicidad, y esa sonrisa representa todo lo que queríamos lograr al venir aquí. Hace que todo haya valido la pena.

Durante este año hemos vivido infinidad de momentos felices, uno tras otro. Nunca hubo momentos duros, solo aprendizaje. Por supuesto extrañamos a nuestra familia, nuestros amigos, alguna que otra comida, los paisajes y a veces el clima. Pero ya la felicidad no es esquiva, sino que se hizo cotidiana y la valoramos en las pequeñas cosas que ahora sí podemos disfrutar… los placeres sencillos, la naturaleza, el trato amable, los gestos de cortesía, la ayuda desinteresada. Volvimos a confiar en la gente, en un país y en nosotros mismos. Pusimos a prueba nuestra fortaleza, sacamos nuestras mejores aptitudes, nos armamos de paciencia y fuimos construyendo de a poquito y sin pausa, nuestra nueva vida.

Ha sido un año espectacular, nutritivo, maravilloso e intenso. Sentimos que se nos fue volando, pero al mismo tiempo, no podemos creer que hayamos vivido tantas cosas juntas en tan poco tiempo. Ha sido, sin lugar a duda, uno de los mejores años.

El primero del resto de nuestra vida en Canadá.