Eso que nos une… en Navidad

pesebre navidad

 

Cuando emigramos y ponemos toda esa distancia física entre nosotros y nuestras familias, llega el momento en el que sentimos la necesidad de reconectarnos.

A veces nos vamos perdiendo en la inercia del ser aceptados, de encajar. Siempre he dicho que después de llegar a nuestro destino migratorio, tenemos que comenzar casi de inmediato a construir nuestra estabilidad, un nuevo círculo de confianza, alimentar nuevas amistades, destacarnos en el trabajo y rendir en todos los aspectos de nuestras vidas.

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Agradecida

cerezoybanderaMis papás regresaron a Venezuela después de 6 semanas de visita. Como se podrán imaginar, la despedida no fué nada fácil.

Además de una casa que se sentía muy vacía, nos tocó manejar nuestra tristeza y la de nuestra hija, que lloró mucho por la partida de sus abuelitos. En esos momentos uno piensa si pudieran quedarse a vivir aquí. Pero hay que aceptar la realidad de que (por ahora) eso no va ocurrir, simplemente porque ellos tienen su hogar allá. Otros hijos y otros nietos, un trabajo, una casa, ocupaciones, amistades, su propia rutina. Así que, sin darle más vueltas, nos toca volver a la nuestra.

Pero más allá de la nostalgia, lo que siento es un agradecimiento profundo a Papá Dios por haber escuchado mis oraciones. Después de enterarme hace unos meses de que Air Canada se iba de Venezuela, dejando a mis papás con un par de boletos inútiles y el viaje en suspenso, recé mucho con demasiado.  Ahora puedo agradecer que finalmente pudieran venir, que los recursos aparecieron y que tuvieron un viaje excelente de principio a fin. Agradezco por ese tiempo que estuvieron con nosotros y estoy conforme porque sé que lo vivimos al máximo, exprimimos cada segundo y nos queda el recuerdo, unas 1500 fotos y varios kilos de más (porque la comida de mi mamá es lo máximo).

Para ellos  fué la primera oportunidad de conocer un país de primer mundo. Mi papá se lamentó de no haber hecho antes un viaje como este, para enterarse de todo lo que hay más allá de las fronteras y del montón de oportunidades que existen. Quedó convencido de que si muchos de los jóvenes de mi país supieran que hoy otras realidades, ademas de la venezolana, sería suficiente motivación para contrastar y querer superarse.

Además de filosofar, mi papá también gozó comprando a sus anchas en tiendas del tamaño de un campo de fútbol y llenitas de productos. Aunque Canadá no es precisamente barato para andar de shopping, comparado con Venezuela se convirtió en el paraíso de las compras para él y su cupo cadivi. Mi mamá que le encanta la cocina, disfrutó preparando todo lo que le (y nos) provocó, aprovechando que “aquí se consigue de todo”. No extrañó ningún ingrediente para sus platos venezolanos, si acaso, el ají dulce.

Agradecí poder llevarlos a tantos lugares, sintiéndome una turista más con ellos. Agradecí que estuvieran conmigo en mi cumpleaños, que compartieran con mis amigos y viceversa. Que Fer y yo pudiéramos tener un par de date nights porque teníamos a los niñeros en casa. Agradecí ver a mis padres felices, deleitándose con Canadá, con nuestra vida aquí, con nuestros logros. Agradecí escuchar de ellos su aprobación y también sus oportunos consejos. Agradecí que por mes y medio, fueran parte de nuestro día a día.

Gracias a estas visitas de nuestra familia cercana, ahora siento aún más que este es mi hogar.

¿Cómo es eso? Pues muy simple: mi casa y mi ciudad se cargaron de vivencias, de momentos plasmados no solo en fotogafías, sino en los rincones y en la cotidianidad. Despertar por la mañana con el olor de las arepas de mi mamá, ver a mi papá llevando a Sofía al parque a manejar su bici, ir juntos al supermercado… Paseos, anécdotas, celebraciones, apuros, lecciones. Alegrías y tristezas.

De todo eso se trata el hogar.

Y por todo eso no puedo estar sino muy, pero muy agradecida.

Los niños emigrantes y el amor por su país

ninosdelmundo
– “Bendición mamá.”

– “Que Dios te bendiga hija….”

Así es como mi pequeña y yo nos saludamos cada tarde cuando la busco en su colegio, mientras los otros niños y papás miran con curiosidad este ritual de cariño tan nuestro. Que los hijos nos pidan la bendición puede parecer una rareza para otra culturas, pero en Venezuela es una de las costumbres más bonitas entre padres e hijos. Porque resulta que, aunque estemos lejos, seguimos haciendo familia a lo venezolano.

Haber emigrado me ha puesto a reflexionar acerca de cómo aprendemos a amar nuestro país de origen. Cuando lo dejamos para buscar otros rumbos, nos descubrimos añorando nuestra patria con un fervor que se alimenta de la nostalgia y de las diferencias que encontramos en el país que nos adopta. Como dicen por ahí: no sabemos cuanto la queremos hasta que estamos lejos.

Desde chiquitos y sin darnos cuenta, el amor por nuestra tierra se va arraigando a medida que asociamos vivencias felices con lugares y seres queridos. Los viajes a la playa con los primos, los domingos visitando a los abuelos, los cumpleaños rodeados de famila. Mis mejores recuerdos son los de las navidades, cuando poníamos juntos el arbolito, oyendo gaitas y sintiendo como la alegría de mis padres se nos contagiaba a todos en casa.

Pero al partir, dejamos atrás a la familia extendida, la escuela, los amigos… y solo quedamos mamá y papá para transmitir a nuestros hijos lo que distingue a la nacionalidad: el idioma, los símbolos patrios, la historia, las tradiciones, los valores y creencias. Nos toca incorporar los rasgos de nuestra identidad cultural en la vida cotidiana.

¿Cómo hacer esto?

A través del lenguaje… Es cierto que los niños aprenden un nuevo idioma muy rápidamente, pero del mismo modo pueden desligarse de su lengua materna si dejan de utilizarla a diario. En casa, por ejemplo tenemos la regla de “sólo español”, el cual nosotros hablamos con el pintoresco acento zuliano. Así hemos logrado que nuestra hija mantenga la fluidez al usar el vocabulario y pronunciar las palabras, sin perder ese tono coloquial que enriquece y le da un aire de cercanía a sus conversaciones por Skype o teléfono con la familia en Venezuela.

A través de la comida… De mi mamá aprendí que la venezolanidad entra por la cocina. Por eso después de emigrar, me he dedicado a recrear esos platos criollos que nos hacen sentir más cerca de nuestra tierra. En mi casa siempre preparo cachapas y mandocas, pabellón criollo, empanadas de carne mechada, plátano asado, papelón con limón… Algo tan simple como invitar a mi hija a que amasemos juntas las arepas se vuelve un acto de enseñanza que va más allá de lo culinario. Le estoy enseñando también sobre nuestra cultura.

A través de las anécdotas… a los pequeños les encanta que sus papás les cuenten historias de cuando eran niños y si esa infancia la vivimos en Venezuela, es la mejor oportunidad para hablarles de cómo jugábamos con el trompo o la perinola, al Escondido o la Candelita. Cantemos juntos “Arroz con leche” y “Aserrín-Aserrán”.  Así los recuerdos de nuestra niñez y juventud se transforman en un puente para acercar a nuestros hijos a sus raíces familiares.

A través del ejemplo… ya sabemos que ésta es la mejor manera de sembrar valores en un niño. Demostremos amor por el terruño, honrando sus símbolos, hablándoles de su bandera y del himno nacional, de sus próceres y fechas patrias. Pero sobre todo, practiquemos frente a ellos y con ellos, las mejores cualidades de nuestro gentilicio: ser alegres, solidarios, trabajadores, creyentes y apegados a los valores familiares. Esas cosas maravillosas que nos distinguen como venezolanos en cualquier parte del mundo.

Para las familias que decidimos emigrar, inculcar en los hijos el amor por el país que dejamos requiere un esfuerzo adicional. Llenar de tradición las experiencias felices en casa se vuelve más necesario que nunca, teniendo siempre presente a Venezuela a través del idioma, la cultura, los símbolos, los recuerdos y las anécdotas de nuestros años allá. Así los niños aprenderán a querer también ese lugar, o si lo conocieron, a no olvidarlo. Se seguirán identificando a medida que crecen con el país de sus padres y lo llevarán siempre y con mucho orgullo en su corazón.

Venir a Canadá con Visa de Estudios

Recientemente me han contactado desde Venezuela varios lectores, amigos y hasta familiares, preguntándome sobre la manera más rápida para venirse a Canadá. Entiendo su impaciencia, la situación en mi país no está fácil y muchos quieren activar o acelerar su plan de emigración lo antes posible.

Varios de ellos me plantean directamente una inquietud: venirse con visa de estudiante. Hacer un post-grado, estudiar idiomas, enviar a sus hijos a hacer aquí el bachillerato, lo que sea, mientras sirva como una vía acelerada de escape. De alguna manera tienen la percepción de que la visa de estudios es el camino más sencillo para una vida en Canadá en el corto plazo. Esto debido a que generalmente es aprobada en poco tiempo, comparada con la visa de residente. Además puede ser el primer paso para un plan que es mas o menos así:

visa de estudios → visa de trabajo → residencia → ciudadanía  

Es verdad que podría ser una vía rápida para salir del país, pero “del apuro solo queda el cansancio” como dice mi mamá. Así que me gustaría comentarles algunas implicaciones que a mi parecer tiene este plan:

  1. Es una estrategia de naturaleza temporal para alcanzar un objetivo permanente. El permiso de estudio se encuentra bajo la categoría de visas de residente temporal (Temporary Resident Visa). Una de las condiciones para obtener esta visa es convencer al oficial de inmigración de que te vas a devolver a tu país al culminar los estudios. Pero en realidad tu objetivo es quedarte de manera permanente en Canadá. Así que todo el plan comienza con esta contradicción. No está mal, es posible hacerlo, pero debes cumplir con las condiciones que te exijan al momento de aplicar. Esto incluye elaborar una “carta de intención” donde explicas porqué elegiste estudiar esa carrera específicamente en Canadá y el beneficio que estos estudios aportarán a tus planes profesionales al regresar a tu país de origen. 
  2. Necesitarás más dinero: debes demostrar que dispones de los fondos en dólares para costear al menos un año de estudios y un año de manutención en Canadá para ti y tu familia, y que seguirás manteniendo una fuente de ingresos en tu país que asegure tu capacidad económica durante la duración completa de tus estudios. La sugerencia es solicitar un permiso no remunerado en tu empleo actual o dejar algún bien inmueble en alquiler en tu país, además los ingresos que estés planeando producir en Canadá a través de un permiso de trabajo no serán tomados en cuenta. Para ampliar detalles sobre esto, recomiendo leer este artículo de los consultores de Inmigración Martineau & Mindicanu
  3. Desde el principio hay que esforzarse el doble. Llevar una vida de estudiante en un país e idioma que no son los tuyos, muchas veces en paralelo con un trabajo de medio tiempo (nunca de tiempo completo porque recuerda que viniste a estudiar, no a trabajar), es algo que puede ser bastante demandante. No solo se debe rendir académicamente, sino también destacarse en la práctica profesional para activar la fase II del plan: aprovechar las pasantías o co-op (si están incluidas en el programa de estudios) y saber usarlas como trampolín para lograr una posición fija o al menos una buena referencia laboral. Luego de graduarte, la meta es conseguir un empleo estable en una empresa que quiera tramitar tu permiso de trabajo (Work Permit) para poder extender tu estadía en Canadá. Después de 1 año de “experiencia laboral canadiense” podrás solicitar la residencia permanente a través de un programa como el “Canadian Experience Class”. Todo este plan es posible, sin embargo requiere esfuerzo de principio a fin y está cargado de mucha incertidumbre y papeleo.
  4. Tu vida en Canadá será más costosa. Con una visa de estudios no puedes disfrutar de los beneficios de ser residente, por ejemplo la educación de tus hijos no será gratuita y si están en edad escolar deberás solicitar para ellos también una visa de estudios. Toma en cuenta que las tarifas por matrícula en la escuela Elemental y Secundaria van desde los $6 mil a $14 mil al año en el Distrito Escolar de Toronto, por nombrar un ejemplo. Para gozar de cobertura médica, deberás contratar un seguro de salud privado para ti y tu familia. Tampoco tendrás acceso a otros beneficios como entrenamiento en idiomas, créditos estudiantiles o para actividades recreacionales, etc.  Si vienes de Venezuela y estás contando con la asignación de divisas que da el gobierno venezolano para estudios en el exterior (cupo Cadivi), la cantidad mensual que recibirás es de hasta $1300 por manutención (alojamiento, comida, transporte) lo cual te dará para vivir bastante ajustado y con cero lujos. 
  5.  Si vienes con tu grupo familiar y tu pareja tiene planes de trabajar mientras estudias, tiene que solicitar un permiso de trabajo. Al llegar, se enfrentará a los retos que pasamos todos para incorporarnos al competitivo mercado laboral en Canadá, que exige tener un buen nivel de idiomas y experiencia canadiense.  Si tus hijos aún no tienen edad para ir a la escuela, toma en cuenta que una día de guardería puede rondar los $40. Es probable que les salga más barato que tu pareja se quede en casa con los niños o que busque un trabajo de medio tiempo.

Mi intención no es desanimar a quienes estén pensando en venirse como estudiantes a Canadá, buscando quedarse de forma permanente. Nosotros también lo consideramos en su momento debido a la larga espera por una respuesta de la embajada, pero al ver que necesitaríamos más del doble del dinero y todas las implicaciones que les acabo de mencionar, decidimos esperar por nuestras visas de residente. Sin embargo, a muchos les ha funcionado esta estrategia. Conozco casos de personas solteras, casados sin hijos, familias con hijos pequeños y hasta con hijos adolescentes. Les ha ido tan bien, que algunos ya tienen su residencia canadiense y están en la espera para obtener su ciudadanía. Eso sí, ninguno les dirá que fue sencillo o económico.

Mi recomendación como siempre es que investiguen, lean una y otra vez la fuente oficial de información: el sitio web de Inmigración Canadá. Estén pendientes de los cambios que implementará el gobierno canadiense en las visas de estudios para Junio-2014 y si van a buscar un Asesor de Inmigración, asegúrense que esté certificado.  

Y no desesperen, que emigrar siempre será una experiencia retadora, no importa el tipo de visa. Pero podemos salir triunfantes si tenemos claro todo el panorama y nos planificamos en función de ello, blindando nuestro plan y asumiendo que el motor que lo mueve somos nosotros mismos. “Quizás no sea fácil, pero seguro valdrá la pena”.

Venir a Canadá con Visa de Estudiante

visaestudianteRecientemente me han contactado desde Venezuela varios lectores, amigos y hasta familiares, preguntándome sobre la manera más rápida para venirse a Canadá. Entiendo su impaciencia, la situación en mi país no está fácil y muchos quieren activar o acelerar su plan de emigración lo antes posible.

Varios de ellos me plantean directamente una inquietud: venirse como estudiantes. Hacer un post-grado, estudiar idiomas, enviar a sus hijos a hacer aquí el bachillerato, lo que sea, mientras sirva como una vía acelerada de escape. De alguna manera tienen la percepción de que la visa de estudios es el camino más sencillo para una vida en Canadá en el corto plazo. Esto debido a que generalmente es aprobada en poco tiempo, comparada con la visa de residente. Además puede ser el primer paso para un plan que es mas o menos así:

visa de estudios → visa de trabajo → residencia → ciudadanía  

Es verdad que podría ser una vía rápida para salir del país, pero “del apuro solo queda el cansancio” como dice mi mamá. Así que me gustaría comentarles algunas implicaciones que a mi parecer tiene este plan:

  1. Es una estrategia de naturaleza temporal para alcanzar un objetivo permanente. El permiso de estudio se encuentra bajo la categoría de visas de residente temporal (Temporary Resident Visa). Una de las condiciones para obtener esta visa es convencer al oficial de inmigración de que te vas a devolver a tu país al culminar los estudios. Pero en realidad tu objetivo es quedarte de manera permanente en Canadá. Así que todo el plan comienza con esta contradicción. No está mal, es posible hacerlo, pero debes cumplir con las condiciones que te exijan al momento de aplicar. Esto incluye elaborar una “carta de intención” donde explicas porqué elegiste estudiar esa carrera específicamente en Canadá y el beneficio que estos estudios aportarán a tus planes profesionales al regresar a tu país de origen. 
  2. Necesitarás más dinero: debes demostrar que dispones de los fondos en dólares para costear al menos un año de estudios y un año de manutención en Canadá para ti y tu familia, y que seguirás manteniendo una fuente de ingresos en tu país que asegure tu capacidad económica durante la duración completa de tus estudios. La sugerencia es solicitar un permiso no remunerado en tu empleo actual o dejar algún bien inmueble en alquiler en tu país, además los ingresos que estés planeando producir en Canadá a través de un permiso de trabajo no serán tomados en cuenta. Para ampliar detalles sobre esto, recomiendo leer este artículo de los consultores de Inmigración Martineau & Mindicanu
  3. Desde el principio hay que esforzarse el doble. Llevar una vida de estudiante en un país e idioma que no son los tuyos, muchas veces en paralelo con un trabajo de medio tiempo (nunca de tiempo completo porque recuerda que viniste a estudiar, no a trabajar), es algo que puede ser bastante demandante. No solo se debe rendir académicamente, sino también destacarse en la práctica profesional para activar la fase II del plan: aprovechar las pasantías o co-op (si están incluidas en el programa de estudios) y saber usarlas como trampolín para lograr una posición fija o al menos una buena referencia laboral. Luego de graduarte, la meta es conseguir un empleo estable en una empresa que quiera tramitar tu permiso de trabajo (Work Permit) para poder extender tu estadía en Canadá. Después de 1 año de “experiencia laboral canadiense” podrás solicitar la residencia permanente a través de un programa como el “Canadian Experience Class”. Todo este plan es posible, sin embargo requiere esfuerzo de principio a fin y está cargado de mucha incertidumbre y papeleo.
  4. Tu vida en Canadá será más costosa. Con una visa de estudios no puedes disfrutar de los beneficios de ser residente, por ejemplo la educación de tus hijos no será gratuita y si están en edad escolar deberás solicitar para ellos también una visa de estudios. Toma en cuenta que las tarifas por matrícula en la escuela Elemental y Secundaria van desde los $6 mil a $14 mil al año en el Distrito Escolar de Toronto, por nombrar un ejemplo. Para gozar de cobertura médica, deberás contratar un seguro de salud privado para ti y tu familia. Tampoco tendrás acceso a otros beneficios como entrenamiento en idiomas, créditos estudiantiles o para actividades recreacionales, etc.  Si vienes de Venezuela y estás contando con la asignación de divisas que da el gobierno venezolano para estudios en el exterior (cupo Cadivi), la cantidad mensual que recibirás es de hasta $1300 por manutención (alojamiento, comida, transporte) lo cual te dará para vivir bastante ajustado y con cero lujos. 
  5.  Si vienes con tu grupo familiar y tu pareja tiene planes de trabajar mientras estudias, tiene que solicitar un permiso de trabajo. Al llegar, se enfrentará a los retos que pasamos todos para incorporarnos al competitivo mercado laboral en Canadá, que exige tener un buen nivel de idiomas y experiencia canadiense.  Si tus hijos aún no tienen edad para ir a la escuela, toma en cuenta que una día de guardería puede rondar los $40. Es probable que les salga más barato que tu pareja se quede en casa con los niños o que busque un trabajo de medio tiempo.

Mi intención no es desanimar a quienes estén pensando en venirse como estudiantes a Canadá, buscando quedarse de forma permanente. Nosotros también lo consideramos en su momento debido a la larga espera por una respuesta de la embajada, pero al ver que necesitaríamos más del doble del dinero y todas las implicaciones que les acabo de mencionar, decidimos esperar por nuestras visas de residente. Sin embargo, a muchos les ha funcionado esta estrategia. Conozco casos de personas solteras, casados sin hijos, familias con hijos pequeños y hasta con hijos adolescentes. Les ha ido tan bien, que algunos ya tienen su residencia canadiense y están en la espera para obtener su ciudadanía. Eso sí, ninguno les dirá que fue sencillo o económico.

Mi recomendación como siempre es que investiguen, lean una y otra vez la fuente oficial de información: el sitio web de Inmigración Canadá. Estén pendientes de los cambios que implementará el gobierno canadiense en las visas de estudios para Junio-2014 y si van a buscar un Asesor de Inmigración, asegúrense que esté certificado.  

Y no desesperen, que emigrar siempre será una experiencia retadora, no importa el tipo de visa. Pero podemos salir triunfantes si tenemos claro todo el panorama y nos planificamos en función de ello, blindando nuestro plan y asumiendo que el motor que lo mueve somos nosotros mismos. “Quizás no sea fácil, pero seguro valdrá la pena”.